Los eclipses de Sol nos mueven, nos conmueven y nos acercan a la comprensión del mundo
Desde el ICE-CSIC favorecen la inclusión de personas con discapacidad visual mediante dispositivos que permiten “escuchar el eclipse”
Desde el ICE-CSIC favorecen la inclusión de personas con discapacidad visual mediante dispositivos que permiten “escuchar el eclipse”
“Anunciado por los periódicos, esperábase ansiosamente en el pueblo, en el cual muchas personas, protegidos los ojos con cristales ahumados, acudieron a cierta colina próxima, desde la que esperaban observar cómodamente el sorprendente fenómeno”. Así relataba el científico y futuro Premio Nobel Santiago Ramón y Cajal, desde la emoción, cómo la localidad de Ayerbe (Huesca) se preparaba para el eclipse total de Sol de 1860, que cruzó la Península desde la costa cantábrica hasta la valenciana.
Un eclipse total es un suceso astronómico capaz de convertirse en un fenómeno social y cultural que atrae a todo tipo de público. Así se demostró especialmente también en 1905, cuando Burgos, por sus buenas condiciones de observación, se convirtió en el epicentro de un despliegue sin precedentes: miles de personas abarrotaron los trenes y las calles para asistir a una ciudad engalanada por el ayuntamiento con festivales, representaciones teatrales, corridas de toros y un concurso de fotografía.
Esta misma impronta de asombro es la que el cosmos espera plasmar de nuevo en nuestro país. El próximo 12 de agosto de 2026, la sombra de la Luna provocará un eclipse total en una franja de visibilidad que entrará por Galicia para salir por Baleares. Será solo el primero del trío de eclipses ibérico que se vivirán en 2026, 2027 y 2028, una consecución de dos eclipses totales y uno anular. Se trata de algo muy poco frecuente en un mismo territorio nacional en un periodo tan corto de tiempo.
De entre el trío de eclipses, lo que hace singular al de este agosto es el momento en el que tendrá lugar: poco antes del atardecer, en torno a las 20:30, por lo que viviremos una suerte de doble ocaso. Cuando se produzca la totalidad, la luminosidad y la temperatura bajarán de forma brusca, entre 3 y 10 grados, lo que activará también las conductas nocturnas de los animales, produciendo sonidos inusuales a esa hora del día. De esta manera, podremos experimentar el eclipse con los diferentes sentidos. Visualmente, nos sorprenderá que antes de caer la noche las estrellas aparezcan en el cielo y que alrededor del Sol se muestre la corona solar, su atmósfera blanquecina y sedosa, siempre oculta por la intensa luz de la estrella excepto durante ese breve momento.
Disfrutar de este evento astronómico con otras personas, puede ser la mejor forma de vivirlo, según Claudia Gutiérrez, investigadora del Instituto de Ciencias del Espacio (ICE-CSIC) y del Institut d'Estudis Espacials de Catalunya (IEEC): "Un eclipse nos recuerda que el universo no solo se comprende a través de ecuaciones, sino también mediante las emociones y las vivencias que despierta: en las conversaciones que nacen espontáneamente, en la madre que explica a su hijo lo que está ocurriendo, en las manos que guían a otras manos o en el silencio compartido que acompaña el instante en que la luz se transforma”.
Un evento astronómico compartido por millones de personas
El primer eclipse total después de más de un siglo se podrá ver en más de 500 miradores oficiales de 31 provincias españolas. El espíritu por compartir con todo tipo de público el mayor fenómeno astronómico observable a simple vista ha llevado a centros de investigación, ayuntamientos, asociaciones y empresas de todo el país a organizar actividades muy diversas.
Por su parte, el CSIC ha contribuido con una gran variedad de proyectos de divulgación. Entre ellos, se incluye el proyecto ‘Eclipse Inclusivo: Un eclipse, muchas formas de vivirlo’, liderado por el ICE-CSIC. Con él se ha querido ir un paso más allá de la observación convencional para motivar a colectivos vulnerables, como las personas con discapacidad visual, auditiva o personas refugiadas, a disfrutar del evento astronómico mediante una experiencia multisensorial. Además de haber realizado talleres previos para diferentes colectivos en colaboración con organizaciones como ONCE, el ICE-CSIC con la ayuda de voluntarias y voluntarios ha construido un centenar de dispositivos Lightsound que transforman la intensidad de la luz en sonido y permiten “escuchar el eclipse”. Estos se han prestado ya de forma gratuita a organizadores de eventos de observación del eclipse para favorecer la inclusión de personas con discapacidad visual.

Taller de construcción de dispositivos LightSound con personas voluntarias, celebrado en mayo en TransfoLab BCN/ ICE-CSIC
“Aunque un eclipse total de Sol se disfruta predominantemente de forma visual, usar dispositivos que transforman la luz en sonido, o en otros recursos multisensoriales, permite la inclusión de todos los colectivos con discapacidad visual. Además, cuando la experiencia se abre, mejora la sensibilización de toda la sociedad hacia estos colectivos y, a la vez, la comprensión del fenómeno, haciéndolo más atractivo para todo el mundo” opina Enrique Pérez Montero, investigador científico del Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC), que lidera el proyecto de divulgación inclusiva de la ciencia ‘Astroaccesible’.
La asistencia masiva esperada durante los próximos eclipses, se refleja también en la creación en 2025 de una comisión interministerial que incluye representantes de 13 ministerios y está presidida por el secretario de Estado de Ciencia, Innovación y Universidades. La comisión cuenta con el asesoramiento de investigadores científicos de diferentes instituciones, entre ellas del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC) y del Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC). Tal involucración institucional es necesaria para coordinar las actividades y garantizar la seguridad especialmente durante las observaciones.
El 12 de agosto se espera que millones de personas, algunas de ellas procedentes de otros países, alcen su vista al cielo para ver el fenómeno, especialmente en la zona de la denominada España vaciada. En lugares como Teruel, Soria o Palencia, que además cuentan con condiciones privilegiadas de observación, la trayectoria de totalidad cruza de pleno, permitiendo que la ocultación completa dure, en algunos casos, más de un minuto y medio. La Agencia Espacial Europea (ESA) estará presente en el Observatorio Astrofísico de Javalambre (Teruel). Desde allí, realizará una retransmisión internacional en directo, que contará con la participación, entre otros, de la profesora Carole Mundell, directora de Ciencia de la ESA. Mientras que el Observatorio de Yebes (Guadalajara) será el centro de seguimiento oficial a nivel nacional y contará con la asistencia, entre otros, de los astronautas españoles de la ESA, Pablo Álvarez y Sara García, Rafael Bachiller, astrónomo y director del Real Observatorio de Madrid, o Eva Villaver, subdirectora del IAC.
Los eclipses y el fortalecimiento de la ciencia
Los eclipses de Sol han sido y continúan siendo muy valiosos para la ciencia, especialmente los eclipses totales. A día de hoy, se utilizan principalmente para investigar nuestra estrella.
En diciembre de 2024, la Agencia Espacial Europea, envió la misión Proba-3 al espacio: dos naves capaces de crear eclipses de Sol totales artificiales, al orbitar en perfecta sincronía a 150 metros de distancia entre sí. Gracias a ello, se pueden tomar imágenes de la corona solar sin depender de la limitada frecuencia de los eclipses naturales y ayudar a responder preguntas aún abiertas, como el origen y funcionamiento de las tormentas solares que afectan a satélites y redes de comunicación. En esta misión participaron agentes de ejecución y financiación del Sistema Español de Ciencia Tecnología e Innovación, del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades.
La misión Proba-3 es una herencia del siglo XIX, cuando se consolidó la idea de que los eclipses eran oportunidades privilegiadas para profundizar en la física solar. Un ejemplo destacado es el gran eclipse total de Sol del 8 de julio de 1842, visible en buena parte de Europa. Numerosos astrónomos lo utilizaron para estudiar la corona solar y las protuberancias que genera el plasma de la atmósfera, así como para describir con detalle fenómenos como las ‘perlas de Baily’. El eclipse que marcó al joven Ramón y Cajal del 18 de julio de 1860 también atrajo a España expediciones de muchos países, entre ellos, Gran Bretaña, Portugal, Francia y Rusia. Durante este, el astrónomo británico Warren de la Rue, hizo la primera fotografía de las protuberancias solares desde el pueblo vasco de Rivabellosa.
No obstante, los eclipses han contribuido también de forma decisiva a la ciencia de otras formas. Durante sus observaciones del eclipse total del 18 de agosto de 1868 desde la India, el astrónomo francés Pierre Jansen descubrió el helio, el segundo elemento más abundante en el Universo. Se le llamó así en honor al Sol (‘helios’ en griego). Unos cincuenta años después, el 29 de mayo de 1919, las expediciones lideradas por el astrónomo británico Arthur Eddington a Sobral (Brasil) y la isla de Príncipe en África, permitieron comprobar la Teoría de la Relatividad General usando también un eclipse total de Sol. Al medir la desviación de la luz de las estrellas debido a la gravedad del Sol predicha por Albert Einstein, catapultaron al físico alemán a la fama y convirtieron a este eclipse en uno de los más conocidos de la historia de la ciencia.
Además, de movilizar expediciones internacionales, los eclipses ponían en marcha colaboraciones entre observatorios y aparecían ampliamente en la prensa, reforzando el carácter público y colectivo de la astronomía. A raíz del trío de eclipses totales que hubo en España en 1900, 1905 y 1912, se fundaron y consolidaron varios observatorios astronómicos y se impulsaron actividades investigadoras. En 1902, se fundó el Observatorio de La Cartuja en Granada, constituyendo una de las razones por las que en 1975 se creó el Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC), actualmente un referente internacional en investigación astrofísica de excelencia. Por otro lado, el eclipse total de 1959, que fue solo visible desde España en las Islas Canarias, atrajo también a astrónomos de todo el mundo e impulsó la creación de un observatorio permanente en Tenerife. Finalmente, en 1970, se inauguró el Observatorio del Teide, esencial para que en 1975 se fundase el Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), por acuerdo entre la Universidad de La Laguna, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y la Mancomunidad Interinsular de Cabildos de la provincia de Santa Cruz de Tenerife. Más tarde, en 1982, se consolidaría administrativamente como Consorcio Público convirtiéndose en el centro de mayor tamaño en investigación astronómica y astrofísica del país.
Los eclipses de Sol han ayudado a expandir los horizontes de la ciencia y también a catalizar las investigaciones astrofísicas, especialmente en España. Con una investigación en este ámbito puntera y consolidada, el próximo trío de eclipses buscará, sobre todo, conmover a multitud de ciudadanos y mostrar abiertamente la espectacularidad del poder predictivo de la ciencia una vez más, como lo hizo en 1860 sobre el joven Ramón y Cajal: “Caí en la cuenta, al fin, de que el hombre, desvalido y desarmado enfrente del incontrastable poder de las fuerzas cósmicas, tiene en la ciencia redentor heroico y poderoso y universal instrumento de previsión y de dominio”.
Elisa María Ramírez García / Contenido realizado dentro del Programa de Ayudas CSIC – Fundación BBVA de Comunicación Científica, Convocatoria 2024
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