“La arqueología puede aportar respuestas a desafíos como la despoblación o el cambio climático”
Trinidad Tortosa, nueva directora del Instituto de Arqueología de Mérida (IAM-CSIC)
Trinidad Tortosa, nueva directora del Instituto de Arqueología de Mérida (IAM-CSIC)
Trinidad Tortosa afronta la nueva dirección del Instituto de Arqueología de Mérida (IAM-CSIC) y la delegación institucional del CSIC en Extremadura como una etapa de expansión y consolidación científica. Destaca el crecimiento del centro en sus 25 años de trayectoria, la obtención del sello de excelencia ASPIRA-MaX y la apuesta por nuevas líneas vinculadas a las humanidades digitales, la arqueología computacional y la inteligencia artificial aplicada al patrimonio. Entre sus prioridades figuran reforzar la transferencia social del conocimiento, atraer talento investigador y culminar la futura sede del IAM en el convento de las Freylas, concebida como un espacio emblemático para la investigación y la divulgación arqueológica.
Acaba de asumir la dirección del Instituto de Arqueología de Mérida y también la delegación institucional del CSIC en Extremadura. ¿Cómo afronta este doble reto y qué prioridades se marca para esta nueva etapa?
Afronto esta nueva etapa con mucha ilusión, en un momento especialmente importante para el IAM, que vive una fase de crecimiento y consolidación tras sus 25 años de trayectoria. Contamos con un equipo humano sólido y con relevo generacional, y queremos seguir fortaleciendo la excelencia científica del centro con el apoyo del CSIC y la Junta de Extremadura.
Entre las prioridades están reforzar la estructura organizativa, impulsar la comunicación y la transferencia científica, avanzar en igualdad y aumentar la visibilidad del centro. También afrontamos proyectos clave como la futura sede del IAM en el convento de las Freylas, el desarrollo del plan de excelencia ASPIRA-MaX CSIC- Sagrario Martínez Carrera y la apuesta por tecnologías digitales e inteligencia artificial aplicadas a la arqueología.
El IAM se ha consolidado como uno de los centros de referencia en arqueología peninsular, con proyectos muy mediáticos como los trabajos en Tarteso o la arqueología protohistórica del suroeste. ¿En qué momento científico diría que se encuentra ahora el instituto?
R: Creo que el IAM se encuentra en un punto de inflexión muy importante, con planificación, estrategias y talento humano para dar un salto cualitativo en su proyección científica. Más allá de proyectos muy mediáticos como Tarteso, el instituto desarrolla investigaciones innovadoras en ámbitos como la prehistoria, la protohistoria o el mundo romano, combinando excelencia científica y conexión con la sociedad.
Nuestra apuesta pasa por consolidar un modelo interdisciplinar que estudie las identidades, las memorias colectivas y la sostenibilidad del patrimonio arqueológico. Queremos reforzar además la proyección internacional del centro, especialmente como nodo estratégico entre Europa e Hispanoamérica.
Usted ha trabajado mucho sobre historiografía de la arqueología, patrimonio e identidad cultural, además de la circulación de piezas arqueológicas y las exposiciones universales. ¿Qué le sigue fascinando de esa línea de investigación?
Me sigue fascinando analizar cómo se construyen los discursos históricos y qué mecanismos explican, por ejemplo, que determinadas piezas terminen en unos museos y no en otros. También me interesa estudiar cómo las exposiciones universales o la literatura arqueológica ayudaron a construir la identidad cultural occidental y determinados imaginarios colectivos.
Además, estas investigaciones muestran que la historia y la arqueología no son ingenuas: muchas veces han sido utilizadas con fines políticos o ideológicos. Por eso considero fundamental el pensamiento crítico para interpretar cómo se ha usado el pasado en distintos contextos históricos.
Una parte importante de su trabajo aborda cómo el patrimonio arqueológico construye identidades colectivas y memoria cultural. En un contexto de polarización y debate sobre los relatos históricos, ¿qué papel puede jugar hoy la arqueología en la sociedad?
La arqueología puede desempeñar hoy un papel fundamental porque ayuda a comprender que las sociedades son fruto de mezclas, intercambios e hibridaciones. Frente a relatos simplistas o excluyentes, el método científico permite construir una visión más compleja y abierta de las identidades culturales y de la memoria colectiva.
Además, el patrimonio arqueológico genera un fuerte vínculo con los territorios y puede convertirse en un motor de cohesión social y desarrollo económico. Casos como el del Turuñuelo muestran cómo la arqueología puede fortalecer la identidad local, dinamizar el turismo cultural y fomentar valores como la inclusión, la igualdad o la sostenibilidad.
El IAM combina excavación, análisis histórico, tecnologías digitales y trabajo sobre patrimonio. ¿Cómo está cambiando la tecnología —desde la digitalización hasta la arqueología virtual— la forma de investigar el pasado?
La tecnología está transformando profundamente tanto la investigación como la divulgación arqueológica. Herramientas como la digitalización, el escaneado 3D o la fotogrametría permiten estudiar las piezas y los yacimientos con un nivel de detalle antes impensable, además de facilitar nuevas hipótesis reconstructivas.
También estamos comenzando a incorporar inteligencia artificial en algunos procesos, como la transcripción de documentos históricos. Todo ello amplía enormemente las posibilidades de comunicación y permite acercar el patrimonio a la ciudadanía mediante experiencias virtuales e inmersivas mucho más accesibles.
Desde la dirección del centro, ¿cuáles son los principales desafíos para un instituto de arqueología hoy? ¿La financiación, la captación de talento, la transferencia social del conocimiento, la presión mediática sobre ciertos hallazgos…?
Los desafíos pasan por la financiación, la estabilidad de las carreras científicas y técnicas y la capacidad de atraer y retener talento investigador. Queremos potenciar la llegada de investigadores a través de convocatorias nacionales e internacionales y fortalecer la proyección científica del IAM en el contexto europeo.
Otro reto importante es gestionar adecuadamente la relación entre investigación y presión mediática. La arqueología necesita tiempo y rigor, y es importante encontrar un equilibrio entre el interés social por determinados hallazgos y los tiempos reales que requiere el trabajo científico.
Extremadura vive un momento especialmente interesante desde el punto de vista arqueológico y patrimonial. ¿Qué oportunidades ofrece la región para la investigación científica y cómo puede aprovecharlas mejor el CSIC?
Extremadura ofrece una gran oportunidad para conectar investigación, patrimonio y desarrollo territorial. El hecho de que el IAM sea un centro mixto del CSIC y la Junta de Extremadura favorece una relación muy estrecha con el territorio, las instituciones, las asociaciones culturales y el tejido educativo y empresarial.
Proyectos como Tarteso en Comunidad o el desarrollado en Villasviejas del Tamuja (Botija, Cáceres) muestran cómo la arqueología puede contribuir a la educación, la dinamización rural y la lucha contra la despoblación. Además, el patrimonio cultural y el turismo se están consolidando como motores de desarrollo económico y social para muchas localidades extremeñas.
Como delegada institucional del CSIC en Extremadura, tendrá también una labor de representación y conexión con universidades, administraciones y tejido social. ¿Qué papel quiere que juegue el CSIC en la comunidad autónoma?
Uno de mis objetivos es reforzar la visibilidad del CSIC en Extremadura y ampliar las relaciones con universidades, administraciones y otros agentes sociales. Aunque el IAM es el único centro del CSIC en la región, ya existen colaboraciones importantes con la Universidad de Extremadura que queremos fortalecer y ampliar.
Estas alianzas permitirán potenciar la formación de jóvenes investigadores, el intercambio de estudiantes y las prácticas académicas. Además, queremos impulsar la transferencia de conocimiento y la divulgación científica como parte esencial del papel del CSIC en la comunidad autónoma.
Usted ha defendido en distintos trabajos la importancia de la divulgación y de la dimensión pública del patrimonio. ¿Cree que la arqueología ha aprendido a comunicar mejor sus hallazgos y su impacto social?
Sí, creo que la arqueología ha mejorado mucho su manera de comunicarse y de llegar a la sociedad. Las nuevas tecnologías, junto a formatos más tradicionales como exposiciones, talleres o visitas guiadas, han permitido acercar el patrimonio de una forma mucho más directa y participativa.
Además, hoy la divulgación forma parte inseparable de la propia práctica arqueológica. La socialización del conocimiento ya no se entiende como algo secundario, sino como una herramienta esencial para fomentar el pensamiento crítico y reforzar la relación de la ciudadanía con su patrimonio histórico.
Para terminar: después de tantos años dedicada a estudiar cómo las sociedades interpretan su pasado, ¿qué le gustaría que la arqueología aportara a la sociedad del presente y del futuro?
Me gustaría que la arqueología ayudara a construir una memoria colectiva crítica, compartida y activa, capaz de alejarnos de visiones simplistas de la realidad. El método científico permite comprender la complejidad de las identidades culturales y utilizar el conocimiento histórico para fortalecer la convivencia y el pensamiento crítico.
Además, la arqueología puede aportar respuestas útiles para afrontar desafíos actuales como la despoblación rural, el cambio climático o la gestión sostenible del patrimonio. En un contexto internacional especialmente frágil, resulta fundamental defender el rigor científico y el valor social del conocimiento histórico.
Erika López / Delegación CSIC Andalucía y Extremadura
Noticias relacionadas
Nueve investigadores e investigadoras del Consejo Superior de…
Los trabajos arqueológicos de la VIII campaña de excavaciones…
Un estudio del Instituto de Biología Evolutiva (IBE), centro…