Las aves silvestres reescriben las reglas del movimiento: volar puede costar menos energía que nadar
Un estudio internacional con participación del CSIC demuestra que las corrientes atmosféricas pueden reducir drásticamente el coste energético del vuelo
Un estudio internacional con participación del CSIC demuestra que las corrientes atmosféricas pueden reducir drásticamente el coste energético del vuelo
Volar puede ser menos costoso energéticamente que nadar, una actividad considerada tradicionalmente como la forma de desplazamiento más eficiente entre los vertebrados. Así lo demuestra un estudio internacional publicado en la revista Science, con participación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). El trabajo incorpora por primera vez de forma explícita el papel de la atmósfera como fuente de energía para los animales voladores.
Los libros de texto suelen clasificar las formas de desplazamiento animal según su coste energético: nadar es lo menos costoso, seguido de volar, mientras que correr requiere más energía. Sin embargo, esta clasificación clásica se basa en mediciones realizadas en laboratorio con animales que nadan en tanques, vuelan en túneles de viento o corren sobre cintas mecánicas. Ahora este estudio internacional ha descubierto que, en condiciones naturales, esta clasificación cambia.
“Nuestro estudio demuestra que aves planeadoras pueden desplazarse con un coste energético incluso inferior al de la natación, considerada hasta ahora la forma más barata de locomoción en vertebrados”, explica Ainara Cortés Avizanda, investigadora del CSIC en la Estación Biológica de Doñana (EBD).
El trabajo, dirigido por el Instituto Max Planck de Comportamiento Animal (MPI-AB) y la Universidad de Swansea y con participación de 68 investigadores e investigadoras de todo el mundo, es hasta la fecha uno de los análisis más completos realizados sobre el coste energético del vuelo de organismos vertebrados en la naturaleza. Además de la EBD, también ha contado con participantes de otras entidades españolas como la Universidad Miguel Hernández y la Universidad de Granada.
17 años de seguimiento para medir el coste energético del vuelo
La investigación combina 17 años de seguimiento mediante GPS y acelerómetros de 850 individuos de 38 especies de aves y murciélagos de distintas regiones del mundo. En total, el equipo analizó 1,4 millones de localizaciones GPS y cerca de 195.000 segmentos de vuelo. A estos datos se sumaron cuatro años de registros de radar que permitieron incorporar información sobre pequeñas aves paseriformes migradoras. Para este estudio, la Estación Biológica de Doñana del CSIC ha aportado información muy valiosa obtenida en proyectos de seguimiento con GPS de cientos de individuos de varias especies de aves a lo largo de las últimas décadas.
El equipo integró estos registros con datos atmosféricos, incluidos los vientos y las corrientes ascendentes, para estimar el coste energético del desplazamiento en condiciones reales. El análisis permitió calcular cuánto tiempo dedicaban los animales a batir las alas o a planear y comparar la energía consumida por unidad de distancia recorrida.
Los resultados distinguen dos grandes estrategias: depender principalmente del aleteo o aprovechar las corrientes atmosféricas para planear. Entre las aves planeadoras, el tamaño corporal desempeña un papel importante: en general, cuanto mayor es el ave, menos necesita batir las alas y menor es su coste energético de transporte.
“Aves planeadoras, como el cóndor andino, aprovechan las corrientes ascendentes y apenas baten las alas. Con ello, logran costes de transporte hasta un 79% menores que aves de masa similar que vuelan mediante aleteo continuo, como el cisne trompetero”, explica José Antonio Donázar, investigador del CSIC en la EBD.
Más de cuatro millones de kilómetros recorridos por buitres
Los buitres como el cóndor andino constituyen uno de los ejemplos más ilustrativos de la importancia de las corrientes atmosféricas. Las siete especies analizadas en el estudio acumularon 128.000 días de vuelo y recorrieron más de 4,3 millones de kilómetros, una distancia equivalente a más de cien vueltas a la Tierra.
Durante estos desplazamientos, los buitres batieron las alas únicamente entre el 0,1 % y el 7 % del tiempo de vuelo. En lugar de mantener un aleteo continuo, estas aves aprovechan las columnas de aire ascendente para ganar altura y reducir considerablemente su gasto energético
Esta estrategia, sin embargo, depende de que las condiciones atmosféricas sean favorables. El estudio también revela que las aves planeadoras de mayor tamaño tienen menos flexibilidad para elegir cuándo y dónde volar, ya que dependen en mayor medida de la disponibilidad de corrientes ascendentes adecuadas.
El viento también puede facilitar o dificultar el desplazamiento
Las aves que dependen del aleteo presentan una estrategia diferente. Aunque su vuelo requiere un esfuerzo energético mayor, les permite desenvolverse en condiciones ambientales más variables.
En este grupo, el viento tiene una influencia especialmente importante. Los vientos de cola favorecen el desplazamiento, mientras que los vientos de cara aumentan la resistencia y pueden elevar el coste energético del vuelo.
En conjunto, los resultados ponen de manifiesto que el entorno atmosférico puede actuar tanto como una fuente de energía como un factor que dificulta el movimiento. Por ello, conocer las condiciones del aire resulta fundamental para entender las estrategias de desplazamiento de las distintas especies.
Implicaciones para la conservación frente al cambio climático
Estos resultados proporcionan una herramienta clave para la conservación. Ofrecen un nuevo marco para predecir el coste energético del vuelo y determinar cómo los cambios climáticos podrían afectar a los lugares y momentos en que los animales se desplazarán en el futuro.
“Cambios en los patrones de viento y de térmicas asociados al cambio climático podrían modificar las rutas migratorias, las distribuciones geográficas y el uso del espacio por parte de muchas especies voladoras», explica Julio Blas, investigador del CSIC en la EBD y coautor del artículo.
El estudio proporciona un marco para estimar el coste energético del vuelo en condiciones naturales y explorar cómo las transformaciones de la atmósfera pueden influir en los movimientos de los animales. Esta información puede contribuir a anticipar cambios en sus desplazamientos y a mejorar las herramientas de conservación y gestión de la biodiversidad.
“Este estudio aporta una idea especialmente relevante: la atmósfera no es simplemente el medio donde vuelan las aves y murciélagos, sino un recurso energético esencial que puede determinar cuándo, dónde y cómo se desplazan”, afirma la investigadora Cortés-Avizanda. “Esta visión cambia nuestra forma de entender la movilidad animal y proporciona herramientas para anticipar cómo responderán las especies voladoras a un mundo con patrones climáticos cada vez más cambiantes”.
CSIC Comunicación
Scacco, M., Smaers, J.B., Werber, Y., et al. (2026). Airflows redefine the cost of aerial transport in the wild. Science. DOI: https://doi.org/10.1126/science.aee6550
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