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#HUMANIDADES #CULTURA CIENTÍFICA #Libros y publicaciones

“El futuro de la humanidad está vinculado a la sostenibilidad social, material y medioambiental de las ciudades”

El filósofo e investigador Francisco Colom González firma ‘La condición urbana’, el nuevo libro de la colección ¿Qué sabemos de? (CSIC-Catarata)

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Las ciudades son un elaborado producto histórico y social en constante cambio confeccionado colectivamente a lo largo de milenios. Esta complejidad ha aumentado de forma radical en las urbes modernas debido a sus actuales escalas y necesidades. En la actualidad, las grandes metrópolis funcionan como enormes y enrevesados artefactos que movilizan diariamente cantidades ingentes de personas, mercancías y vehículos.

“Las ciudades no son solo escenarios donde se despliega la vida colectiva; son dispositivos sociales capaces de transformar radicalmente su entorno y, con él, las formas de vida de quienes las habitan. Su historia revela múltiples dimensiones, ya que han actuado como motor de innovación económica, mecanismo de integración política, espacio para la imaginación social y repositorio de la memoria colectiva”, resume Francisco Colom González, filósofo, investigador del CSIC y autor de La condición urbana, el último libro de la colección ¿Qué sabemos de? (CSIC-Catarata).

La obra ofrece un recorrido por la historia de las ciudades desde los primeros asentamientos neolíticos hasta las metrópolis contemporáneas, además de una reflexión sobre los elementos sociales, culturales y políticos que definen la condición urbana. Como parte de esta reflexión, el autor pone de manifiesto tanto la fragilidad de las ciudades mercantilizadas y desatendidas –vinculada a problemas actuales como la turistificación masiva, la crisis de la vivienda o el cambio climático–como su capacidad de resiliencia y su potencial transformador.

¿Qué entendemos por ciudad?

En la actualidad, las ciudades concentran la mayor parte del tejido productivo, las infraestructuras y el consumo. En 1950, solo el 20% de los habitantes del mundo vivía en ciudades de al menos 50 000 habitantes. Sin embargo, en 2050, más del 60% de las personas vivirá en áreas urbanas, según indican las proyecciones. Además, datos de la ONU de 2025 confirman el aumento del número de megaciudades (con diez millones de habitantes o más), especialmente en Asia. Por ello, el autor del libro destaca que “el futuro de la humanidad se halla estrechamente vinculado al de las ciudades, a su sostenibilidad social, material y medioambiental, así como a sus condiciones de habitabilidad”.

Para llegar al fondo de la dinámica de las ciudades, surge una primera pregunta fundamental: ¿qué son? Un campamento o una simple aglomeración de edificios no constituyen una ciudad. Las ciudades deben reunir, como mínimo, una cierta densidad humana, contar con espacios públicos y permitir la coexistencia de actividades económicas diversas pero complementarias. La provisión de una serie de servicios colectivos como bienes públicos es la única forma en que esta combinación es posible.

¿Qué es lo que permite su florecimiento y cómo se produce su decadencia? Sin duda, la dimensión económica es de gran importancia. “Muchas urbes romanas languidecieron en la Edad Media e incluso desaparecieron cuando se interrumpieron las rutas comerciales que las hacían viables”, recuerda el autor. Sin embargo, “la ciudad no es solo un espacio de intercambio y consumo, sino, ante todo, un espacio habitado y vivido”. “Las condiciones que erosionan su habitabilidad y sostenibilidad socio-económica y medioambiental llevan irremediablemente a su degradación.

Imaginarios de la ciudad ideal

A lo largo de la historia ha existido una gran variedad de ideales respecto a la forma de entender el fenómeno urbano que demuestran un mismo y persistente anhelo por alcanzar la mejor ciudad posible. “Para los griegos, la polis era el lugar en el que cumplir la autosuficiencia colectiva, cultivar la sabiduría y participar en la vida pública; para el cristianismo primitivo, ese ideal era ‘la ciudad de Dios’, una república celestial, y, desde la Revolución Industrial hasta hoy, la ciudad salubre, inteligente o sostenible”, subraya el investigador.

Los problemas derivados del gran crecimiento de las ciudades a partir del siglo XIX hicieron surgir los primeros intentos de planificación a gran escala. Aunque nunca se llevó a cabo, el arquitecto y urbanista suizo Le Courbusier propuso ‘la ciudad radiante’, su idea de una ciudad funcional basada en la eficiencia habitacional que recogía también diversas corrientes utópicas modernas. Plasmada en el Plan Voisin de 1925 para la remodelación del centro de París, proponía sustituir el tejido urbano de la margen izquierda del Sena por veinticuatro rascacielos cruciformes, un gran espacio verde continuo y una red viaria subterránea.

“Su idea de la vivienda como una ‘máquina de habitar’ tenía el propósito declarado de poner fin al hacinamiento y la insalubridad de las viejas ciudades industriales y liberar a sus habitantes, particularmente a las mujeres, de las penosas tareas domésticas”, explica el autor. Sus planteamientos permearon y centraron las cuestiones a las que el urbanismo moderno debía dar respuesta: habitar, trabajar, recrearse y circular. Estas se recogieron en la Carta de Atenas de 1933, uno de los manifiestos urbanísticos más influyentes del siglo XX.

Actualmente, empresas como Toyota continúan experimentando con la creación de utopías futuristas. Woven City es la ciudad laboratorio impulsada por la compañía en Japón. Se puso en marcha en septiembre de 2025 con el objetivo de probar nuevas formas de movilidad basadas en el hidrógeno y explorar un ecosistema social y tecnológico innovador.

No obstante, el autor remarca: “el urbanismo por sí solo no garantiza ciudades satisfactorias ni asegura la calidad de vida. Este necesita complementarse con un entramado de bienes públicos, como la sanidad, la educación o la seguridad, que amplíen las posibilidades reales de sus habitantes para llevar una vida valiosa”.

La ciudad como escenario de la política

La dimensión política de las ciudades merece una consideración particular. Las democracias contemporáneas no pueden entenderse al margen del papel fundamental que los espacios urbanos han tenido en su evolución histórica. A partir del siglo XIX, el movimiento obrero y colectivos como las sufragistas comenzaron a ocupar las calles con pancartas, cánticos y consignas para hacerse visibles en el espacio público de la naciente sociedad de clases.

Actualmente, pese al énfasis que suele ponerse en las redes sociales y en el espacio virtual, la esfera pública contemporánea sigue estando profundamente marcada por el uso de los espacios físicos. Movimientos como la Primavera Árabe, los chalecos amarillos, Black Lives Matter o las movilizaciones contra el cambio climático se hicieron presentes en las vías públicas antes de volverse virales.

“Es en calles y plazas donde continúa expresándose la ciudadanía, donde se aclama o se rechaza a los líderes y donde se celebran desfiles y rituales públicos”, afirma el investigador.

Adentrarse en la naturaleza de las ciudades desde la historia y la filosofía permite descubrir la complejidad de esta forma de organización y convivencia humana. Aunque su origen es antiguo y su primacía demográfica un hecho reciente, en ellas convergen muchas de las necesidades y retos de las sociedades contemporáneas. Por ello, también dependen de ellas las respuestas que contribuirán a configurar el futuro de la humanidad.

La condición urbana es el número 180 de la colección ¿Qué sabemos de? (CSIC-Catarata). Para solicitar entrevistas con el autor o más información, contactar con: comunicacion@csic.es (91 568 14 77).

Sobre el autor

Francisco Colom González es profesor de investigación del Instituto de Filosofía del CSIC. Doctorado en Filosofía en la Universidad Complutense de Madrid (UCM) y diploma en Ciencia Política y Derecho Constitucional en el Centro de Estudios Políticos y Constitucionales de Madrid. Realizó estudios de posgrado en la Universidad Libre de Berlín (Alemania) y de posdoctorado en la Universidad de McGill (Canadá). Ha sido presidente de la Asociación Iberoamericana de Filosofía Política y presidente de la Asociación Española de Estudios Canadienses. Asimismo, fue vicedirector del Instituto de Filosofía del CSIC. Durante los últimos años, su investigación se ha centrado en la dimensión normativa de los procesos urbanos, sus dinámicas sociales, simbólicas y políticas.. 

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Contenido realizado por Elisa María Ramírez García, Ayudas CSIC – Fundación BBVA de Comunicación Científica, Convocatoria 2024