la articulación del sistema

La articulación del sistema (1940-1941)

La importancia que se concedía a la nueva Institución viene avalada por su posición en el organigrama del Estado: bajo el alto Patronato del Jefe del Estado y presidido por el Ministro de Educación Nacional.

El hecho de que el Presidente fuera el Ministro, posibilitó que la Institución quedase en manos del Secretario General, José María Albareda, quien marcó su evolución de forma muy personal.
 
El CSIC no tenía una plantilla propia sino que se integraban en él científicos provenientes de las distintas instituciones mencionadas en el artículo 2 de dicha Ley, que además de facilitar su personal estaban representadas en lo Pleno del mismo.
 
El Reglamento de 10 de febrero de 1940 modificaba y ampliaba algunas de las disposiciones de la Ley de creación dejando establecidos los siguientes órganos de gobierno: Consejo Pleno, Consejo Ejecutivo y Comisión Permanente. Y como órganos especializados los Patronatos, la Junta Bibliográfica y de Intercambio Científico y la Comisión Hispanoamericana.
 
En el mismo texto se enumeraban los distintos patronatos que recibieron nombres de científicos españoles al igual que los distintos institutos: Raimundo Lulio (Ciencias filosóficas, teológicas, jurídicas y económicas), Marcelino Menéndez Pelayo (Humanidades), Alfonso el Sabio (Ciencias físicas, químicas y matemáticas), Santiago Ramón y Cajal (Ciencias biológicas y naturales), Alonso de Herrera (Ciencias agrícolas, forestales y pecuarias), Juan de la Cierva Codorniú (investigación técnico-industrial). Estos seis Patronatos agrupaban a diecinueve institutos, y debían mantener relaciones con otros centros dependientes de distintos Ministerios.
 
Existían además dos órganos con competencias transversales: la Junta Bibliográfica y de Intercambio Científico; y la Comisión Hispanoamericana encargada del intercambio científico con el mundo hispánico.
 
El Reglamento reiteraba y completaba algunas de las formulaciones enunciadas en el texto fundacional.
 
En primer lugar se mencionaba “la tradicional unidad de la ciencia española”, y a continuación la necesidad de fortalecer “el imperio espiritual de España”. Aunque de una forma marginal se hacía mención a que las investigaciones técnicas deberían estar subordinadas a “las necesidades económicas de la Nación”, y se nombraba expresamente al patronato “Juan de la Cierva Cordoniú” cuyos esfuerzos deberían tender “hacia el desarrollo de la independencia económica nacional y del progreso técnico del país”.
 
Un aspecto fundamental del nuevo Organismo es la conexión con las Universidades y Escuelas Superiores, principio que quedaba consignado en el Reglamento, que posibilitaba incluso su incorporación.
 
Asimismo se regulaba la existencia de becas para desplazarse al extranjero, las colaboraciones con otros países y la designación de las representaciones oficiales en los congresos científicos internacionales.
 
La responsabilidad de la edición, el establecimiento de una red de bibliotecas y el intercambio de publicaciones quedaban en manos de la Junta Bibliográfica y de Intercambio Científico.
 
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