las primeras reformas

Las primeras reformas

En la temprana fecha de 22 de julio de 1942 se produjo una primera rectificación de la Ley fundacional que introducía ciertas modificaciones, todas ellas tendentes a dar una mayor operatividad.

En primer lugar se desdoblaba la figura del presidente, diferenciando entre el presidente nato (Ministro de Educación Nacional) y el efectivo. Asimismo se incrementaba el número de instituciones que tenían representación en el Pleno, para dar acogida a las creadas por el nuevo régimen.

Se modificaban los distintos órganos de gobierno, cambios entre los que el más importante fue la agrupación de los patronatos en tres secciones (Humanidades y Ciencias Sociales; Ciencia y Tecnologías; y Biología y Recursos Naturales), a cuyo frente se situaba un vicepresidente. Tanto la estructura de secciones como la existencia de vicepresidencias temáticas se mantuvieron durante las cuatro décadas siguientes. Asimismo se creó la figura de un director de investigación técnica.

Finalmente se definía su personalidad jurídica y se aprobaban los medios de financiación, que debían mantener operativa la Institución.

Resulta de gran interés el artículo 17 en la que se fijaba el sistema de colaboración con las Universidades a través de varios mecanismos: consideración de institutos propios del CSIC de los institutos universitarios; creación en la universidad de secciones de un instituto del CSIC; adscripción a la universidad de un instituto del CSIC; o creación de institutos mixtos.

A pesar de estas reformas el CSIC seguía careciendo de una plantilla de científicos propia.

Hasta 1945 no se aprobó la creación de plazas de personal investigador, y de dos categorías de personal de apoyo (auxiliares y laborantes), actuación que quedó circunscrita a la investigación técnica y agrícola. Con ello se modificaba el modelo inicial, que tenía un fuerte sesgo consultivo, para iniciar la profesionalización de la labor investigadora. Para optar a las plazas (Orden de 16 de febrero de 1946) se fijaba el requisito del grado de doctor y la permanencia en un instituto de investigación durante un período de tres años, y siempre que durante dos se hubiese obtenido el título de becario o ayudante. Para la justificación de este requisito temporal se admitía la permanencia en centros extranjeros, en el caso de que dicha beca hubiese sido concedida por el Consejo.

En las mismas fechas (Decreto de 10 de noviembre) se ampliaban sus facultades al crear la Universidad Internacional “Menéndez Pelayo”, dependiente del CSIC, y destinada a dar una estructura estable a “las reuniones científicas, las enseñanzas monográficas y los cursos para extranjeros” que habían sido organizados por el CSIC, y cuya duración quedaba circunscrita al período estival.

El crecimiento de los institutos, que casi se habían triplicado, obligó en 1946 a una nueva reorganización y a conferir a la propia Institución la facultad de creación de los nuevos.

En 1947 nacen dos nuevos patronatos: el José María Quadrado, dedicado a los estudios e investigaciones locales; y el Diego Saavedra Fajardo, especializado en estudios internacionales y que unos años más tarde pasa a desarrollar investigaciones geográficas y de ciencias afines.

En ocho años se había producido un notable incremento de centros hasta alcanzar la cifra de 80, radicados fundamentalmente en Madrid, aunque en algunos casos se mantenían secciones en diversos puntos de la geografía y se colaboraba con cátedras universitarias radicadas fuera de la capital. Todo ello de acuerdo con el mismo patrón de colaboración: personal universitario que realizaba una parte de su actividad en las instalaciones del CSIC.

A finales de la década de los 50 resultan bastante patentes los cambios que se van introduciendo en el país. Se pasa a un discurso menos ideológico, en el que se insiste en la necesidad de que la investigación esté dominada por criterios de rentabilidad y de creación de riqueza, y por una organización más racional de la misma.

En 1953 la Universidad Internacional “Menéndez Pelayo” de Santander pasa a depender del Ministerio, si bien el CSIC queda como una de las entidades que colaboran en su desarrollo.

En 1958 se desgaja del CSIC una de las competencias que le habían sido asignadas en la ley fundacional (“fomentar, orientar y coordinar la investigación científica”) al crear la Comisión Asesora de Investigación Científica y Técnica. Y a fin de establecer una clara diferenciación se señalaba taxativamente que el nuevo Órgano no podrá tener centros propios.

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