'Me inquieta que se oriente la ciencia exclusivamente hacia la tecnología'

'Me inquieta que se oriente la ciencia exclusivamente hacia la tecnología'
Miguel Delibes, de la Estación Biológica de Doñana, interviene en ‘Protagonistas de la ciencia’

CULTURA CIENTÍFICA. 11/11/2013

miguel delibes

Entre 1988 y 1996 Miguel Delibes asumió la dirección de la Estación Biológica de Doñana, perteneciente al CSIC.

 

Cada vez que un periodista le pregunta "¿qué has descubierto este año?", Miguel Delibes se siente desconcertado. La ciencia -dice- avanza a pequeños pasos más que con grandes descubrimientos. Por eso le inquieta que cada vez más se la identifique con la tecnología y la obtención de resultados. Por el contrario, este biólogo cree que la ciencia es importante per se, como método de conocimiento de la realidad, al margen de todas las transformaciones que pueda traer. Es más, como conservacionista -durante ocho años fue director de la Estación Biológica de Doñana (CSIC), donde sigue trabajando-, Delibes defiende que la ciencia "no tiene que servir solo para cambiar el mundo". "Nos tiene que enseñar también que como cambiemos mucho más la Tierra, no va a ser habitable", señala. Máxima autoridad mundial sobre el lince ibérico, este científico ha compaginado su actividad investigadora con su faceta de divulgador. Así lo ejemplifican libros como La naturaleza en peligro y La Tierra herida, escrito junto a su padre, el ya fallecido novelista Miguel Delibes. Es precisamente su figura la que evoca al final de esta entrevista.

   

"Enseñar el método científico (...) es algo que debería comenzar en la escuela. Así se entendería que todo conocimiento científico es útil, aunque a priori no sepamos qué es lo que vamos a descubrir"

    

¿Cómo se puede explicar al ciudadano de a pie qué se hace en la Estación Biológica de Doñana y por qué es importante?

Creo que es más necesario enseñar que toda la ciencia es importante que hacerlo respecto a una investigación o línea concreta. No creo que tengamos que empezar diciendo: “Investigamos en Doñana para entender cómo funciona la naturaleza y eso nos ayuda porque dependemos de ella”. Antes habría que explicar -y eso se debería hacer desde la escuela- por qué conocer el mundo es importante y cómo la ciencia es una herramienta imprescindible para ello, ya sea para estudiar ecología, materiales o astronomía. Me parece muy importante enseñar los métodos de la ciencia, que esta no es un sistema de creencias sino un proceso racional, y que no nace espontáneamente. Entonces ya se podrá transmitir que uno de los aspectos que tenemos que conocer es nuestra casa y nuestros vecinos: el planeta Tierra y las especies que lo comparten con nosotros. Se podrá explicar que todos interactuamos y que el medio ambiente condiciona la forma en que podemos vivir e incluso el que podamos vivir aquí. Este tipo de cosas son las que se estudian en la Estación de Doñana.

Así que antes de explicar lo que es Doñana deberíamos partir de una situación en la que ya se hubiera enseñado a la ciudadanía la importancia en general de la ciencia y el método científico...

Claro. Decir que la ciencia es necesaria porque nos arregla los problemas, porque cura el cáncer, por ejemplo, supone convencer con el mismo estilo que un sistema de creencias. Es como decir: “Reza para curar el cáncer”. Te lo crees o no. Creo que eso no educa, no enseña a la sociedad lo que es la ciencia. Algo así dijo Umberto Eco, que afirmaba que era el aspecto mágico de la ciencia lo que se transmitía a la sociedad a través de los medios de comunicación. Se dice: “Descubierto un hogar del ser humano de hace un millón de años”. Y la gente dirá: “¿Cómo sabrán que es de hace un millón de años?”. Si no se explica todo el proceso, se tiende a pensar que hay unos tipos con unas virtudes especiales que se dedican a estas cosas y se transmite esa impresión de algo poco racional, mágico... Enseñar el método científico y hacernos más racionales, sin dejar por eso de ser seres emocionales, es algo que debería comenzar en la escuela. Entonces se entendería que todo conocimiento científico es útil, aunque a priori no sepamos qué es lo que vamos a descubrir.

   

"Hay una tendencia, sobre todo en los últimos años, a poner por delante la utilidad de la ciencia. Eso convencerá a parte de la sociedad, pero no educa mucho científicamente"

    

¿Crees que no se está haciendo, es decir, que no se enseña la ciencia de la manera que planteas o que al menos hay un déficit?

Sí. Más bien hay un déficit. Hay una tendencia, sobre todo en los últimos años y mucho más acusada desde que atravesamos un mal momento económico, a poner por delante la utilidad de la ciencia. Eso convencerá a parte de la sociedad, pero no educa mucho científicamente. Creo que la otra parte, que es más lenta, habría que hacerla también. Esa sociedad más culta a la que aspiramos debería aprender lo que tiene de maravilloso el proceso de avanzar en el conocimiento, cómo se van dando pasitos, más que hacer de golpe grandes descubrimientos. Me desconcierta mucho cuando me llama algún periodista y me dice: “¿Qué has descubierto este año?”. No sé cómo contestar. Eso de pensar que cada año descubrimos algo y que son piezas separadas... Luego, la sociedad recibe ese mensaje y no sabe muy bien cómo trabajamos y cómo se genera el conocimiento. Se nos ha contado mucho el descubrimiento del bossón de Higgs, pero pocos medios han explicado todo el esfuerzo del CERN, el tiempo que se lleva trabajando ahí, la participación de miles de científicos que han aportado pequeñas cosas. En ese aspecto tendríamos que mejorar.

¿Y quién debe asumir esa tarea? Aparte del papel de la escuela, ahora te estás refiriendo a los medios de comunicación...

La verdad es que no lo sé. Ha habido mucho debate sobre esto entre los que dicen que comunicar es tarea de los comunicadores, es decir, medios y periodistas, y los que piensan que debe ser tarea de los científicos. Yo creo que se puede trabajar de manera conjunta. Probablemente esa es la mejor aproximación. Sí pienso que los científicos tenemos que tener más claro que hay que hacer nuestro mensaje entendible para la sociedad, pero los periodistas deben tener claro que también hay que transmitir a la sociedad cómo se hace la ciencia, no solo sus resultados.

   

"Los periodistas deben tener claro que también hay que transmitir a la sociedad cómo se hace la ciencia, no solo sus resultados"

    

O sea que sí consideras que el científico tiene que asumir como parte de su trabajo la divulgación de la ciencia.

Sí, creo que es muy importante que nos involucremos en esto. Probablemente no todo el tiempo o no por igual en toda la carrera científica. En mi vida como investigador hubo unos años, 10 o 12, en los que estuve en plena tarea creadora y me costaba apartarme de mi investigación. Entonces quizá no era el momento de frenar una investigación para contarla. Pero hay otras épocas en las que es factible y creo que enriquece al científico. Además, si aprendes a comunicarte mejor con los lectores no especializados, también escribes mejor la ciencia.

¿Crees que en España está valorada la divulgación de la ciencia dentro de la esfera científica?

Hemos cambiado muchísimo en eso. Hemos pasado de que fuera no solo poco valorada, sino incluso negativa, a ser algo apreciado. He estado en tribunales de oposición del Consejo en los que parte del tribunal quería penalizar a los candidatos por haber dedicado tiempo a hacer divulgación, porque decían que ese tiempo lo deberían haber dedicado a publicar más artículos científicos. Yo les decía: si en méritos científicos dos candidatos están parejos y uno además ha hecho divulgación, vamos a premiarle. De esto hace 25 años, ahora se ha cambiado, en parte también porque los científicos somos cada vez más conscientes de que es la sociedad la que nos sostiene, luego tenemos que llegar a ella.

   

"Antes el sistema necesitaba científicos y no había. Ahora, gracias a un esfuerzo de toda la sociedad, eso ha cambiado, ya hay gente muy preparada, y sin embargo sobra, no la queremos. Eso me parece muy dramático"

    

Ahí está el quid de la cuestión. ¿Cómo hacer esto? En el acto ‘Salvemos la ciencia’, que organizó la revista Materia el pasado septiembre, señalaste que los científicos necesitabais percibir más entusiasmo por parte de la sociedad hacia la investigación, y que a veces tenéis la sensación de que muchos piensan que no servís para nada, que protestáis mucho...

No recuerdo haberlo dicho... No me parece que eso sea la generalidad. Al revés, tiendo a decir que la sociedad valora mucho a los científicos, pero nos conoce muy poco. La gente tiende a decir que la ciencia le parece muy importante, pero no sabe qué es ni por qué es importante, la confunden mucho con la tecnología... Debe ponerse más énfasis en lo importante que es como método de conocimiento de la realidad, al margen de todas las transformaciones que traiga. Como conservacionista de la naturaleza, creo que la ciencia también nos puede ayudar a no cambiar la realidad, no tiene que servir solo para cambiar el mundo, nos tiene que enseñar también que como cambiemos mucho más la Tierra no va a ser habitable.

Sí, creo que en tus declaraciones en aquel acto te estabas refiriendo a nuestros dirigentes políticos, y te quejabas del actual contexto de austeridad y de la falta de recursos.

Se nos pide que demostremos que la ciencia que hacemos es útil inmediatamente. Eso sí que lo critico. En general, cuanto más útil sea, más se parece a la tecnología, que es imprescindible y está muy bien, pero es menos ciencia. Sé que es poco oportuno decir en este momento que lo que yo investigo quizá no sirva para nada a corto plazo. Pero me gustaría que nunca se nos olvidara que la ciencia sirve porque es conocimiento acumulado y nos ayuda a entender mejor el mundo en que vivimos. Esto es importante per se.

   

"La gente dice que confía en los científicos porque le suena que eso es lo que se debe hacer, pero luego se le pide que nombre a algún científico y no conoce a ninguno"

    

También comentaste en el mismo acto que por primera vez en la historia tenemos más jóvenes sabios en España, pero sin embargo no hay mercado de trabajo para absorberlos.

Es cierto, eso es lo que más me impresiona de este momento: la cantidad de gente muy preparada que hay en relación con hace 30 años. Por primera vez España tiene gente muy formada en ciencia y en tecnología y el país no es capaz de absorberla. Durante muchos años hemos estado entrando en el sistema científico, antes los jóvenes apenas sabíamos lo que era la ciencia, teníamos poca experiencia internacional, nos costaba mucho escribir en inglés... El sistema necesitaba científicos y no había. Ahora, gracias a un esfuerzo de toda la sociedad de la España democrática, eso ha cambiado, ya hay gente muy preparada, y sin embargo sobra, no la queremos. Eso me parece muy dramático.

Diferentes estudios señalan que nuestra sociedad presenta un nivel inferior de cultura científica respecto a otras sociedades europeas. ¿Cuáles serían las causas de ese déficit?

No me parece raro porque tenemos un déficit en todo lo relacionado con la ciencia que arrastramos al menos desde la guerra civil. En aquella época una gran parte de la sociedad era evidentemente más ignorante que ahora, había mucho más analfabetismo rural, pero la gente culta conocía mejor la ciencia y a los científicos. Luego vinieron 40 años de sequía en los que, aunque España quisiera científicos, no los había. Los maestros en gran medida se había ido, éramos muy pocos estudiosos y la sociedad no sabía prácticamente nada de la ciencia. Hemos empezado con retraso respecto a otros países europeos. Probablemente en el terreno estrictamente científico avanzamos deprisa, porque creo que los planes de investigación desde 1980 han funcionado bien. Pero la sensación de que la educación en ciencia era importante es mucho más reciente. La gente dice que confía en los científicos porque le suena que eso es lo que se debe hacer, pero luego se le pide que nombre a algún científico y no conoce a ninguno. Es lo que venimos hablando desde el principio, que falta educación científica...

Que el ciudadano de a pie tenga unos mínimos conocimientos científicos, ¿le puede beneficiar de manera directa en su vida cotidiana?

Creo que un individuo con más conocimientos científicos es más libre, tiene más capacidad de decidir y de entender el mundo donde está y a los demás. Una cuestión ardua, que nos lleva a otro debate, es si eso te beneficia o te perjudica. Alguien puede decir: “Es que yo no tengo ganas de ser libre, yo prefiero que me digan lo que tengo que hacer porque lo otro me angustia mucho”. Ese es el dilema donde hemos estado como Humanidad gran parte del tiempo. Alguien ha dicho que algunas formas de pensar tenían valor de supervivencia; por ejemplo, se habría seleccionado el no angustiarse mucho, no dar muchas vueltas a la cosas, de forma que las personas más simples, que se limitaban a confiar en la providencia, tenían más tendencia a dejar hijos que quienes estaban angustiados pensando en cómo funcionará el universo, o arriesgándose a que les llamaran bruja o brujo, los persiguieran...

Ahora los mecanismos son más sofisticados que señalar a alguien como brujo o bruja y llevarle a la hoguera, pero la opción entre hacerte más preguntas, aunque te generen más incertidumbres, o vivir de una manera más cómoda sigue siendo la misma.

Claro. En mi escala de valores me parece que hacerte preguntas, ser escéptico, dudar de las cosas... es positivo. Y en este sentido creo que es mejor tener un conocimiento científico. Tengo aquí una frase de Stephen Howkins que dice: “En una sociedad democrática los ciudadanos necesitan tener unos conocimientos básicos de las cuestiones científicas, de modo que puedan tomar decisiones informadas y no depender exclusivamente de los expertos”. Yo creo que es bueno que la mayor parte de los ciudadanos tengan esos conocimientos y puedan tomar decisiones. Pero también puedo entender que un ciudadano diga: “Yo ya tengo muchos problemas. A mí que me digan qué tengo que hacer”.

Vamos a hablar de tu especialidad. Como gran experto del lince ibérico, ¿cuál es la situación de esta especie en la actualidad?

Al hilo de todo lo que hemos estado hablando, diré que para esta especie la investigación fue la que permitió detectar que estaba en una situación muy grave. Gracias a la investigación se hizo un programa de conservación, se transmitió a todo el mundo, se hizo una evaluación de los felinos a nivel internacional... Todo ello permitió que hace ya unos 8-10 años llegaran fondos europeos y se empezara a trabajar en serio con el lince. Hoy no está salvado pero sí mucho mejor. Si había 150 linces ibéricos hace 10 o 12 años, ahora en el campo hay más del doble y en cautividad más o menos otro centenar. Eso da garantías de que se va a poder recuperar, a no ser que ocurriera algo grave como una epidemia.

Este sería uno de esos casos en los que, como decías, la ciencia y el conocimiento no han ido en la línea del cambio sino de la conservación, de preservar uno de los habitantes del planeta.

Claro. Esto es un problema de sensibilidad o de línea argumental científica. Me inquieta, como ya he dicho, que se oriente la ciencia exclusivamente como base para la tecnología: la ciencia nos da el conocimiento que nos permite cambiar el mundo. Y también conservarlo, cuando hay que conservarlo. No es imprescindible que la ciencia nos lleve a cambiar cosas, sino a lo mejor a decir “frena”, que no hay que cambiar tanto.

¿Es complicado compaginar la carrera científica con la vida familiar?

La carrera científica te absorbe mucho, pero es tan apasionante que tiendes a convencer a los que están contigo. Yo he hecho algunos trabajos junto a mis hijos, mi mujer... Pero debes ser consciente de que a veces hay que parar. Como toda actividad absorbente, te impone unas exigencias que pueden ser difíciles para la vida familiar, y creo que esto penaliza más a las mujeres. Supongo que pasa en casi todas las profesiones que no consisten en un horario de 8.00 a 15.00. De la ciencia no te olvidas ni siquiera por la noche. Hay épocas en las que incluso sueñas con la investigación que estás haciendo y te levantas en medio de la noche para apuntar algo que se te ha ocurrido. Eso es algo propio de todas las profesiones creativas. Recuerdo que cuando mi padre era ya muy mayor, escribimos juntos un libro y a veces me decía: “Oye, casi no has avanzado en esto”. Yo le contestaba: “¿Cómo que no? Si casi no he podido dormir dándole vueltas...”. Y una vez me dijo: “Bendita vigilia creativa, quién la volviera a pillar”. Me impresionó. Tenía 80 y tantos años, a él ya no le pasaba y lo echaba de menos.