'Aquí no invertimos tanto en investigación porque las familias suplen al Estado'

'Aquí no invertimos tanto en investigación porque las familias suplen al Estado'
Ana Martínez, experta en la enfermedad de Alzheimer, en 'Protagonistas de la ciencia'

CULTURA CIENTÍFICA. 19/11/2013

Ana Martínez admite que nuestro sistema científico tiene deficiencias, pero su mensaje es positivo: “Mucha investigación española nacida en centros públicos ha logrado posicionarse a nivel mundial”, subraya, y eso “hay que transmitírselo a la sociedad”. A la vez, esta investigadora del Instituto de Química Médica (CSIC) y experta en la enfermedad de Alzheimer reclama menos cortoplacismo en las políticas de I+D y más recursos. Cree que nuestro déficit en cultura científica es proporcional a la escasa inversión en ciencia. Con todo, le puede el optimismo. Hace años que investiga para dar con el fármaco que pueda curar o retrasar esta enfermedad. Una actividad que compagina con otra, la de divulgar la ciencia a la ciudadanía, faceta que considera inseparable del quehacer científico. Su libro El Alzheimer, de la colección ‘¿Qué sabemos de?’ (CSIC-La Catarata), es un ejemplo de su afán divulgador. 

Ana Martínez, investigadora en el Instituto de Química Médica del CSIC.

Afirmas en tu libro que la enfermedad de Alzheimer afecta al cerebro de los pacientes y al corazón de las familias. ¿Conoce nuestra sociedad la problemática de esta enfermedad y su impacto en los familiares de los afectados? ¿Hay apoyos suficientes?

Apoyos siempre faltan, pero creo que cada vez es más conocida. Al estar envejeciendo paulatinamente nuestra población, el número de pacientes está aumentando tanto que ya es raro la familia que no tiene algún miembro o allegado afectado. De unos años a esta parte he notado que la gente conoce la palabra Alzheimer. A la situación de que el abuelo tenía demencia senil y perdía facultades cognitivas se le ha puesto un nombre. Pero probablemente hasta que no te toca de cerca no sabes cómo afrontarlo ni los recursos de los que dispones. Siempre digo que si alguien se ve afectado, debe buscar ayuda. Hay asociaciones de pacientes en ciudades y barrios, y a través de ellas puede encontrarse información útil para el día a día.

A veces será necesario el apoyo sicológico para los familiares...

Sí, o bien por parte de terapeutas expertos o bien hablando con alguien que tenga el mismo problema y pueda aconsejar. Cuando estás criando niños pequeños conviene relacionarse con gente que los tenga de la misma edad, porque intercambias recetas que funcionan. Esto es lo mismo. Al fin y al cabo se trata de cuidar a una persona de mucha más edad que tú, que en muchos casos es tu padre o tu madre. De repente, te conviertes en su cuidador y por eso no sabemos cómo afrontarlo. Es muy duro ver que se olvidan de ti, pero igual que a un ciego no le puedes decir que lea un libro, a un paciente de Alzheimer no le puedes preguntar ‘¿quién soy?’ porque no te puede reconocer aunque quiera.

En el libro reflejas que esta enfermedad tiene un gran impacto social.

Sí. Cuando pienso en las ayudas a la familia que tiene nuestro país y lo que se dedica a la investigación veo que no guarda relación, por ejemplo, con lo invertido en EEUU. Allí hay otro modelo de familia, probablemente más desestructurada que la de tipo mediterráneo, como la nuestra, y cuando llegas a mayor es el Estado el que se ocupa de ti. El Estado ha tenido que crear instituciones para estos pacientes y sabe lo caro que sale, quizás por eso haya destinado más inversión en este tipo de investigación. Quizá aquí no invertimos tanto en investigación porque las familias españolas suplen mucho al Estado. Hemos hecho una ley de dependencia muy débil, a la que no pueden acceder muchas personas, porque la familia española, aunque esté cambiando (yo creo que para mal), de momento sustituye al Estado en momentos de necesidad (en atención a los niños, a los ancianos, a los parados...). Esta es una realidad que hay que hacer salir a la luz pública para que las autoridades vean que es un problema de salud muy grande para la sociedad. El Informe Internacional de Alzheimer 2013 recomienda a todos los países que se multiplique por tres la inversión para la investigación de esta enfermedad, porque si no somos capaces de aliviar toda la sintomatología que produce se va a convertir en una pandemia del siglo XXI.

Se trata además de una enfermedad muy ligada a países desarrollados puesto que, como decías, cada vez más en todas las familias hay algún afectado debido al aumento de la esperanza de vida.

Sí, el mayor factor de riesgo para esta patología es cumplir años, y además aumenta de manera exponencial. Según diferentes estadísticas podemos encontrarnos con una variación que va entre el 0,5 y el 5% para los mayores de 65 años, pero que se dispara desde el 30 al 60% en los mayores de 85. En España a principios del siglo XX nuestra esperanza de vida media, según el Instituto Nacional de Estadística, estaba en 40 años. Terminamos el siglo teniendo una esperanza de vida de unos 78 años. Y ahora estamos en los 83.

Y para las mujeres, que son precisamente las más afectadas por la enfermedad de Alzheimer, es mayor.

Son las más afectadas y no se ha descubierto nada que vaya asociado al cromosoma X, que es el que nos diferenciaría sexualmente. Tenemos mayor esperanza de vida, por tanto, como hay más mujeres con más años, tienen más posibilidad de tener la enfermedad. No se ha encontrado ninguna otra explicación.

¿Por qué decidiste escribir un libro de divulgación sobre esta enfermedad? ¿Para sacar a la luz esa problemática de la que hablabas?

Primero porque veía que a la ciudadanía le vendría bien saber ciertas cosas. Además, al trabajar en este tema tenía que explicárselo no solo a mis colaboradores directos e investigadores, sino que tenía que hablar estrechamente con biólogos, gente de la industria, financieros... Esto exige hablar un idioma común. Me decía: ¿cómo se lo explicaría a mi madre? Pues escribiendo un libro de divulgación y contándolo. Por un lado quería tratar de contestar a algunas preguntas que se hace todo el mundo, y por otro, también me gustaba hacer ver que pertenezco al CSIC, porque con todas las deficiencias que tenga nuestra institución, creo que se está haciendo investigación de calidad, y eso es un mensaje que hay que transmitir a la sociedad: puede que sea poca, pero mucha de la que se hace es muy buena. Mucha investigación española nacida en centros públicos ha logrado posicionarse a nivel mundial.

   

"Si no somos capaces de aliviar toda la sintomatología que produce [el Alzheimer] se va a convertir en una pandemia del siglo XXI"

    

Señalabas que no se conocen las causas de la enfermedad de Alzheimer, pero sí hablas en el libro de varios factores de riesgo, al margen de la edad, a evitar.

Con esto pasaríamos al tema del envejecimiento saludable. Envejecer es algo que no está de moda. Queremos ser jóvenes eternamente, pero cada día que pasa somos un día más viejos y no pasa nada. Las versiones mejoradas de todos los programas son las más avanzadas; nos tenemos que ir mejorando y ver eso no como una pérdida sino como una ganancia. Ahora bien, debemos conocer cómo es el envejecimiento. Y podemos combatir en alguna medida el Alzheimer envejeciendo saludablemente, mientras no conozcamos otras causas. Durante nuestra vida, el cerebro está sometido a factores de riesgo y a factores protectores. Si somos capaces de identificar los primeros, podremos eliminar alguno. Si además aumentamos los factores protectores, incrementaremos lo que se llama la reserva cognitiva, de modo que si se produce un circuito neuronal y poseemos una reserva cognitiva amplia, tendremos creados otros circuitos neuronales que ocuparán su lugar, y paliaremos o retrasaremos la aparición de los síntomas. Se sabe por ejemplo que el estrés oxidativo -el número de radicales libres que tenemos en el organismo- va en detrimento de la supervivencia celular. Por tanto, los factores antioxidantes, como las vitaminas E, C y D, pueden ser neuroprotectores.

   

"Hay compañeros que piensan que cuando hablan durante una hora y el de enfrente no se ha enterado de nada, es que han dicho cosas muy interesantes. A mí me gusta que la gente con la que hable, en cualquier foro, entienda lo que quiero transmitir"

    

¿De qué alimentos estamos hablando?

Legumbres, cítricos, tomates, kiwis... Además, para que funcione la neurona tenemos ciertos neurotransmisores que tienen aminoácidos como el triptófano, que podemos encontrar en el chocolate. También los frutos secos son buenos.

Otra cosa que puede sorprender, porque mucha gente tiende a pensar lo contrario, es que en el libro explicas que no hay evidencias de que pese el factor genético.

Evidencias hay en solo un 5% de los casos. Realmente en el Alzheimer hablamos de un 95% esporádico y un 5% hereditario, que es muy poco. Mucha gente cree que porque su padre o su madre hayan sufrido Alzheimer lo va a tener también. No tiene por qué. Ahora se lee mucho que ya se puede diagnosticar si vas a padecer esta enfermedad, pero no sé si esto tiene mucha utilidad si no tenemos un fármaco eficaz y además el estrés lo puede acelerar.

O sea que el hecho de vivir con miedo a heredar el Alzheimer podría repercutir negativamente...

Obviamente. Hay que envejecer saludablemente y esto significa no solamente una buena alimentación sino también, para aumentar la reserva cognitiva, relacionarse socialmente, tener un carácter optimista, paz espiritual y también realizar ejercicio suave y moderado. Además hay que estimular el cerebro intelectualmente, con la lectura, haciendo crucigramas, sudokus... Esas actividades son muy buenas para aumentar la reserva cognitiva.

   

"No hay políticas estables de investigación y la inversión se hace a trompicones; hay personal muy cualificado que se queda a medio camino sin financiación"

    

¿Eres optimista respecto a las posibilidades de encontrar el fármaco que cure esta enfermedad?

Ha habido muchos avances, pero parecen insuficientes porque lo que la sociedad y los pacientes desean es tener ya, en la farmacia, algo que realmente cure o frene la enfermedad. Creo que hay que conocer la historia. Esta enfermedad se empieza a investigar a partir de la década de los 80 y pasan unos 15 años antes de que llegue el primer fármaco al mercado. Los primeros llegan en 1983 a EEUU y en 1996 a España basados en las primeras hipótesis de trabajo. Después entran en estudios clínicos varias generaciones de fármacos, pero desde 2002 a nivel mundial no se ha producido ningún avance terapéutico. Se ha investigado en rutas moleculares y en lo que se ha llamado la hipótesis amiloide o la hipótesis tau; y no deberíamos perder la esperanza de encontrar un nuevo fármaco, sino que deberíamos reinterpretar los resultados obtenidos y ver por qué hemos fallado hasta ahora (¿diseños de ensayos clínicos deficientes?, ¿reclutamiento tardío de pacientes?...). Soy optimista porque creo que hemos aprendido una realidad: las enfermedades complejas como el Alzheimer no tienen una solución sencilla; hace falta la colaboración de muchos grupos de investigación para desarrollar terapias multifuncionales o combinaciones de fármacos con diferentes mecanismos de acción.

   

"Lo que más ha contribuido al aumento de la esperanza de vida ha sido el descubrimiento de la penicilina. La investigación básica es importantísima para prolongar la vida y que vivamos con calidad"

Dentro de tu carrera investigadora, ¿qué importancia otorgas a la divulgación de la ciencia?

No la puedo separar de mi trabajo. Yo soy investigadora, y como tal tengo la necesidad y la obligación de poner mis conocimientos al servicio de la sociedad. Entiendo que la sociedad es muy amplia; no solamente la tengo que reducir a mis compañeros investigadores y publicar un buen paper en una revista de alto impacto, que también, sino que la sociedad también la forman la gente joven, que es el futuro; los pacientes, con los que nos tenemos que comunicar y averiguar sus necesidades; y los políticos y financieros, porque sin su apoyo e inversión no podríamos hacer nada.

Entonces defiendes que cualquier científico debe ser también divulgador.

Sí. Y sé que esto no está muy bien aceptado por todos mis compañeros investigadores, pero yo pienso que cuando eres capaz de explicar lo más difícil de una manera fácil, no es que seas simple ni superficial, sino que has llegado a una capacidad de conocimiento tal que puedes trasmitírselo a todos. Hay compañeros que piensan que cuando hablan durante una hora y el de enfrente no se ha enterado de nada, es que han dicho cosas muy interesantes. A mí me gusta que la gente con la que hable, en cualquier foro, entienda lo que le quiero transmitir, e intento modular mi discurso para ello.

¿Está suficientemente valorada en España la actividad de divulgar la ciencia?

No. No solamente no está valorada sino que muchas veces está denostada. Puede ser un punto negativo para ti.

¿Por quién está denostada? ¿Por parte de la comunidad científica o también por otros agentes sociales?

Sí, por parte de la comunidad científica. Yo, como evaluadora de proyectos científicos de alto nivel, los puntúo mucho mejor cuando soy capaz de entenderlos, me hablen de lo que me hablen. Se nos está pidiendo un esfuerzo a los científicos para que seamos claros, precisos y sepamos definir bien nuestro trabajo.

Al hablar de las relaciones entre ciencia y sociedad, las encuestas señalan que los españoles valoran positivamente a los científicos pero nuestro nivel de cultura en ciencia es inferior al de otros países. ¿Tienes alguna explicación?

Entiendo que será proporcional a la inversión que se hace en investigación. También hay menos investigadores que en otras sociedades donde la investigación desde el punto de vista político está mucho más considerada y tiene una inversión mayor. Ya no solo es una percepción de la sociedad sino también política. Yo diría que una parte de nuestros dirigentes son sensibles, pero realmente estamos haciendo muchísimo gasto en otras cosas que no son investigación, cuando nuestro futuro pasa por fortalecerla. Creo que la falta de cultura es proporcional a la falta de inversión y apuesta real por la investigación.

¿Así que para superar esa situación y conseguir un mayor nivel cultural en materia científica habría que aumentar la inversión?

Sí, y debería ser algo constante, un pacto de Estado. La investigación no es un proyecto cortoplacista y muchas veces, debido precisamente a los sistemas políticos de nuestras sociedades, nos encontramos con proyectos totalmente cortoplacistas. No puede ser que cada cuatro años estemos cambiando de estrategia porque eso marea, altera, cansa y desmotiva a los propios investigadores. Tienen que ser proyectos a largo plazo, consensuados, y debe haber una política estable. Yo mi vida la he dedicado a la investigación y estoy orgullosa de ello, pero siempre me he sentido como un objeto de adorno. No hay una política estable en las políticas de investigación y por tanto la inversión que se hace es a trompicones, y hay personal muy cualificado que se queda a medio camino sin financiación y después tiene que reubicarse. Si ahora quieres un resultado de una investigación, tienes que haber invertido durante los 10 años anteriores.

¿Cómo explicarías a un ciudadano ajeno al mundo de la ciencia que es importante el conocimiento científico?

En el desarrollo científico y tecnológico se basa el progreso de las sociedades. En el siglo pasado, el avance fue espectacular: pudimos averiguar desde partículas pequeñísimas que conforman la materia hasta llegar a la Luna y hacer observaciones de los astros más lejanos. Las nuevas tecnologías nos han cambiado la vida a todos: las máquinas frigoríficas, los lavaplatos, los ordenadores... Y respecto a la ciencia, lo que más ha contribuido al aumento de la esperanza de vida ha sido el descubrimiento de la penicilina a mitad del siglo por Fleming. Por tanto la investigación básica en ciencias de la salud y en nuevos fármacos es importantísima para que nuestra vida se prolongue y vivamos con calidad.

¿Es fácil o difícil compaginar la vida familiar con la carrera científica?

Creo en la familia antes que en la ciencia y en mi profesión. Vivo para mi familia y mi trabajo, por muy científico y de muy alto nivel que sea, se tiene que acoplar a ella. Tengo siete hijos e intento cada día que mi familia no se vea resentida por mi profesión. Por suerte hago un trabajo que me fascina y me estabiliza también a nivel familiar. Eso no quiere decir que no haya problemas en el trabajo que te los lleves a casa y viceversa, pero hay que intentar ponerle límites. También creo que quien no tiene una vida familiar estable, difícilmente puede ser un profesional estable, en esta profesión o en cualquiera.