'En la carrera investigadora la divulgación ha estado muy denostada''

'En la carrera investigadora la divulgación ha estado muy denostada''
'Protagonistas de la ciencia' entrevista a Isabel Sanmartín, biogeógrafa del Jardín Botánico y una de las autoras de 'El árbol de la vida' (MNCN-CSIC)

CULTURA CIENTÍFICA. 26/06/2013

Isabel Sanmartín, biogeófrafa e investigadora del Real Jardín Botánico, es la segunda protagonista de ‘Hablan los científicos’, un espacio en el que cada semana un investigador del CSIC hablará sobre su trabajo y la importancia de divulgar la ciencia a la ciudadanía. ¿Qué implica para una sociedad tener más o menos cultura científica? ¿Cuáles son las dificultades que tienen los científicos para divulgar su actividad? ¿Cómo se compagina la dedicación a la ciencia con la vida personal? Sus opiniones tratarán de dar respuesta a estas y otras preguntas. Estas charlas se enmarcaron en la Feria del Libro 2013, concretamente en el ciclo de conferencias ‘Científicos en la Feria’ y en las presentaciones de varios libros publicados por la Editorial CSIC.

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Isabel Sanmartín, en la charla que dio a alumnos de Bachillerato en la Feria del Libro.

La intervención de Isabel Sanmartín, cuyo trabajo se centra en el estudio de los mecanismos evolutivos que explican la distribución de la diversidad biológica terrestre, giró en torno a la figura de Alfred Wallace, el gran científico que, junto a Charles Darwin, desarrolló la teoría de la evolución por selección natural. Considerado como el padre de la biogeografía, Sanmartín reivindicó su figura de investigador con “amplitud de miras” porque supo abarcar diferentes campos: biología, zoología, geografía... “Él y Darwin trabajaron codo con codo, no se pusieron la zancadilla y sacaron adelante su teoría de la evolución". En cambio, "la coyuntura científica actual crea roces y luchas de egos”, explica. Entusiasta de la divulgación científica -recientemente ha participado en el libro El árbol de la vida (MNCN-CSIC)-, Sanmartín reclama que esta actividad sea más valorada a nivel oficial y critica la excesiva burocratización de su trabajo: “Se escriben artículos como churros, pero se ha perdido un poco la aventura de investigar”, tal y como hacían Darwin y Wallace.

¿Qué destacarías de la figura de Alfred Wallace?

Es un ejemplo de persona que, a través de sus viajes y exploraciones, fue acumulando un conocimiento que luego sería la base para desarrollar la teoría de la evolución, que ha cambiado nuestra visión de la vida y del Universo. Eso no hubiera sido posible sin 20 años de trabajo. Ninguna idea rompedora surge aislada, sino que se basa en el conocimiento acumulado. Wallace es un investigador con amplitud de miras, algo que hoy se ha perdido un poco porque el científico se centra más en su campo. Y también puede ser un ejemplo para el ciudadano medio, por ese afán de integrar todo el conocimiento.

¿Por qué has venido a este ciclo de charlas?

Por dos razones. Soy coautora del libro de texto El árbol de la vida, para nivel de universidad y escrito por investigadores del CSIC. Estas conferencias me parecían una magnífica idea para poder enseñárselo a posibles lectores más jóvenes. Creo que durante muchos años ha faltado un libro de texto en lengua española que hable sobre la evolución. La segunda razón es que la divulgación es un reto para los científicos. No tenemos formación, ni oral ni escrita, como sucede en otros países. Es una manera de entrenarnos para comunicar a la sociedad lo que descubrimos y poder devolver el dinero que invierte.

   "No se asumen riesgos, uno va a lo seguro en lugar de investigar a largo plazo para obtener resultados innovadores"

¿Por qué es importante acercar la ciencia a la sociedad?

Porque es una gran desconocida. Se puede entender fácilmente la ciencia aplicada, por ejemplo la investigación sobre el cáncer, cuáles serán sus aplicaciones, sus ventajas, etc., pero hay un tipo de ciencia que llamamos básica, que forma los ladrillos de esa ciencia aplicada, que es difícil de hacer entender a la sociedad. Por ejemplo, ¿por qué hay que financiar la investigación de alguien que estudia un grupo de plantas en los trópicos? Ahora que hay un recorte de los recursos, es importante que sepamos divulgar y mostrar a la sociedad que eso en lo que invierte vuelve a los ciudadanos, que hay un beneficio que no es solo aplicado sino también intelectual: la idea del conocimiento por sí, aprender más. En el caso de estos estudiantes de Bachillerato también significa enseñarles a preguntarse cosas, a cuestionarlo todo, y promover un espíritu científico en ellos.

¿Se trataría de inculcarles el método científico para que lo incorporen a su vida cotidiana?

Sí, es decir, no aceptar las cosas, aprenderlas pero también cuestionarlas cuando están en contradicción con lo que podemos observar. También significa intentar ir más allá y plantear nuevas preguntas. Entre los jóvenes de hoy el conocimiento es abrumador, viene de fuentes muy distintas, es muy rápido, y eso da lugar tal vez a una pérdida de profundidad. La idea de las grandes preguntas requiere una ciencia básica, no lenta pero sí de pasos, que luego ha dado lugar a grandes descubrimientos que tienen implicaciones para la sociedad.

¿Podría decirse que el conocimiento hoy es más fragmentado y menos profundo?

Sí, fragmentado es una palabra correcta, porque al ser tan rápido no hay tiempo para integrar. Por ejemplo, la biogeografía es una ciencia integradora. No podríamos entender dónde viven las plantas o animales si no tuviéramos el conocimiento que han recogido los geólogos durante cientos de años, y también los biólogos y naturalistas. Hay una frase de Isaac Newton que me gusta mucho. Cuando le preguntaron cómo había desarrollado su teoría de la gravitación universal dijo: “Yo me subí a hombros de gigantes”. Quería decir que se había apoyado en el conocimiento acumulado de cientos de años de otros investigadores, desde Aristóteles, y después recogió ese legado. La idea es proporcionar de nuevo las bases, los ladrillos, para que alguien más, a lo mejor estos estudiantes, las recojan en el futuro.

¿Crees que la población española percibe el trabajo de los científicos como algo ajeno? ¿Existen esos puentes entre la comunidad científica y la sociedad?

Yo diría que percibe nuestro trabajo como algo árido. Puede que sea en general en todo el mundo, pero es cierto que en España lo es más por el tipo de educación que se recibe. En EEUU a los niños se les enseña lo que llaman show and tell: les asignan un tema, tienen que investigar sobre él y después exponerlo. Ese tipo de formación no existía en España, creo que ahora comienza a aparecer. Durante mucho tiempo simplemente el profesor dictaba cátedra, el estudiante tomaba sus apuntes, los aprendía y los aplicaba, pero nunca planteaba al profesor nuevas preguntas. Era un aprendizaje pasivo. Eso ha determinado que se vea a la ciencia como un reducto de universidades, profesores, catedráticos, pero que no tiene una aplicación real a la sociedad.

¿Tendría también que ver con el hecho de que en España no está demasiado valorada la profesión de científico/a?

Sí. Durante mucho tiempo, en las culturas protestantes existía la idea de formar pequeños grupos dedicados al estudio de una determinada materia, por ejemplo en Suecia. Esa autoformación no ha existido en España. Quizá eso haya incidido en que no haya una buena valoración de la ciencia. Tampoco se ha valorado a nivel oficial. Por ejemplo, en la carrera investigadora la parte divulgativa ha estado muy denostada o excluida. De hecho se sigue valorando poco, se nos valora por cómo nuestro conocimiento llega a nuestros pares, a otros científicos, pero no por cómo llega a la sociedad, cuando en realidad esta es una parte muy importante de la investigación.

   "La coyuntura científica actual crea roces y luchas de egos"

Si tú quieres divulgar, ¿con qué obstáculos te encuentras?

Por un lado, la logística ha mejorado mucho porque [en el Real Jardín Botánico] hay un departamento de cultura científica formado por profesionales de la comunicación. Pero el problema es sobre todo el tiempo -tenemos un tiempo limitado- y cómo se nos valora ese tiempo. Se nos valora en producción de investigación, pero la divulgación en ningún momento se compensa ni se financia, así que es algo que parte del investigador, porque no van a ser méritos.

Entonces, ¿qué hace falta para aumentar la cultura científica de la sociedad? ¿Es responsabilidad de los investigadores o de los poderes públicos?

Por un lado hace falta la iniciativa de los investigadores en el sentido de que haya voluntad de divulgar. Pero la mayor capacidad para influir vendrá de las políticas de investigación. Deben cambiarse formalmente los criterios de evaluación, de forma que un tercio de la puntación corresponda a la divulgación (docencia, libros divulgativos, etc.), como en otros países de nuestro entorno. Si esto se exigiera de manera formal, tendría un impacto.

   "Se escriben artículos siguiendo una fórmula, pero se ha perdido la aventura de investigar" 

¿Compartes la idea de que, cuanto más conocimiento científico tenga una sociedad, más capaces serán sus ciudadanos de tomar decisiones y adaptarse al entorno?

Exacto. Compartir la información es muy importante. Para tomar decisiones hay que tener todas las fuentes de información posibles, valorarlas, contrastarlas, compararlas, y entonces tomar la decisión. Durante mucho tiempo ha habido mucha pasividad, la ciencia tal vez llegaba a las administraciones, pero no permeaba al ciudadano.

¿Cómo se compagina la ciencia con la vida personal? ¿Es muy absorbente la dedicación a la ciencia?

Es difícil de compaginar porque es una tarea que no tiene final. Los investigadores tenemos un horario, pero después no hay límite. Tienes que saber establecer tu propio límite; yo soy mi propia jefa y tengo que decidir. Pero también es cierto que hay unas exigencias por parte del CSIC o de la universidad en cuanto a producción que han aumentado mucho en los últimos años. Y también ha aumentado mucho la burocracia. Y esa combinación fatal de aumento de la burocracia y aumento de las exigencias creo que ha quitado tiempo a la investigación.

¿A qué te refieres exactamente con esa burocratización?

En un intento de hacer el sistema más objetivo se ha producido una burocratización de la actividad investigadora para cuantificarla mejor, pero al final no sé si ha mejorado el sistema de evaluación. Ha habido una numerización de los parámetros para evaluar la investigación y no se valora la calidad de la misma. Como consecuencia la investigación es más estándar, no se asumen riesgos a la hora de investigar, uno va a lo seguro en lugar de investigar a largo plazo para obtener resultados más innovadores. Diriges tu carrera investigadora para obtener unas determinadas estadísticas, escribes artículos siguiendo una fórmula, etc. Pero se ha perdido un poco la aventura de investigar.